A de Arbol, A de Ayuda
Estaba ahí y yo lo podía divisar en la distancia sin tener que rascarme los ojos. No es que yo ande buscando meterme en estas situaciones, pero es que cuando pasan, pasan (algo así como con el amor) y no nos queda más que poner los pies en la tierra y actuar como pensamos que es más conveniente. Yo sabia mi deber, sabia que tenia que hacer, pero no estaba seguro como hacerlo o cuando, acaso alguna vez lo estamos con respecto a algo?
Tome un gran respiro, seguido de un suspiro (como hago cuando estoy nervioso) y empecé a acercarme sintiendo como todas las partes de mi cuerpo (hasta las que yo no sabia que tenia), temblaban y se estremecían con cada paso que yo daba. Y llegue. El trecho fue un poco mas largo de lo que parecía pero llegue y ahí estábamos tanto ella como yo. No se había movido desde el momento en que la divise a este en que la tenia de frente y únicamente la contemplaba. Y es que, como iba a hacerlo si hace mucho tiempo había perdido sus alas?
Me tome uno, dos, tres, ocho, veinte, treinta, cuarenta, doscientos, quinientos ocho y mil segundos para estudiarle bien la corteza, todo aquello que ella exhibía. Rodaban mis ojos arriba, abajo, arriba de nuevo, izquierda, derecha y un poco en diagonal, haciendo círculos también (nunca se sabe que se puede encontrar) y a veces en cuadrados, y ella inquieta, inmóvil, intacta, siempre imponente sin decir o hacer nada. Memorice todos sus detalles (tarea difícil si solo se tienen mil segundos), desde las ramas que estiraba como dando un grito al cielo a ver si lo partía, a los frutos que caían irónicamente y me hacían recordar que estaba viva, y su tronco que representaba toda esa fortaleza, y aquellas largas raíces donde empezaba el todo que se levantaba en la nada para ver como el día, la noche, días, años y siglos, le pasaban de lado diciendo adiós.
Terminados los segundos, y la tarea de memorizar, le sonreí y se que si ella hubiese recordado como se sonreía lo hubiera hecho de vuelta. Cuanto tiempo había pasado desde aquel oscuro día en que, maquillada y lista, la dejaron plantada? Cuantos habían pasado y viéndola plantada encontraban belleza en su desgracia y con una palmadita, y una que otra manzana arrancada, le decían buena chica mientras ella les gritaba? Y mas que eso, cuantos habían venido y aun sabiendo que desde sus entrañas pedía ayuda, la habían dejado abandonada, muy bien plantada (no solo físicamente), reviviéndole aquella noche cuando lo había hecho el primero?
Yo sabía mi misión, tenia que ayudarla. Quizás otras veces me lo negué, pero ahora, con este nuevo instinto, un olfato innato que me pertenecía y una vocación traída por mi oficio, sabia que no podría dar un paso más si no lograba salvarla, ayudarla. Estaba muriendo, ninguno lo podía ver. Empecé por darle un poco de respiración tronco a boca, alguien me había dicho que eso salvaría a cualquiera, valía la pena intentarlo. No sirvió. Con el estetoscopio en mano, revise que su respiración siguiera ahí y un leve gemir me decía que así era. Le di un poco de jarabe, y sus ramas se movieron un poco, como tosiendo, pero sin mejorar. Su gesto seguía intacto, frío, mudo pero aturdido y entonces lo supe. Ella no quería ser salvada, no era la salud su problema (y eso que esto era mi especialidad), sino sus emociones. No ocupaba jarabes, no necesitaba medicinas o pastillas, tan solo requería la compañía de alguien que le devolviera las alas que le robaron aquel día y nunca la volviera a dejar. Y descifre finalmente mi destino, el de ayudarla, salvarla sin importar lo que tomara.
Hice un hueco a su lado, me plante yo mismo y murmurando a su rama le dije: “Se que no soy un árbol, pero, nadie dijo que esto fuera prohibido”.
Por: Michelle Fuster

simplemente me encanta