Buscarte/Perderse
Su oficio siempre había sido perderse, tanto metafórica como literalmente. El mío siempre había sido buscarlo…Aun sigue siéndolo.
No me malinterpreten, no me refiero a buscarlo como lo hacen los acosadores (aunque una parte de mi subconsciente se convierte en obsesiva y puede sentirse tentada por la pequeña idea de hacerlo), sino a una forma más difusa pero igual de latente: más ambigua pero igual de fuerte. El fue cada momento, cada segundo, cada pedazo mío y de mi historia, lo que tenia y que se me perdía (pues ese era su oficio) y todas las ilusiones, y el recuerdo, y esa sensación que se me escapaba por los dedos y me golpeaba por detrás…
Siempre tuvo sus maneras, sus palabras, sus mentiras, sus excusas y sus métodos. Yo ya me había memorizado algunos, la misma noche que había decidido memorizar sus detalles y fragmentos. En realidad no debía de ser tan complicado entender todo, en la vida la gente tiene oficios, tiene vidas, planes, gente, ideas y sueños. Así yo tenía los míos y el tenia los suyos, y las líneas de ambos no estaban diseñadas para estar juntas… Pero yo estaba tan segura tan segura que eso era todo, que no se me ocurría otra forma mas perfecta de pasar lo eterno, y entre lo que hacíamos y dejábamos, lo que ocultábamos y debíamos, lo que era y lo que no…entre nuestros oficios y situaciones, los beneficios y dolores, nos encontrábamos de nuevo en la misma encrucijada, con los paradigmas enredados, siguiendo nuestro oficio.
Yo ya me había acostumbrado, con el tiempo? Eso creo… O al menos había llegado a encontrar la mejor manera de lidiar con lo que desearía que fuera distinto y lo que no, a no ofenderme con el silencio, a no necesitar los motivos, a permitir cosas que la verdad normalmente no permitiría, a ponerme de pie sin mirar para atrás, a no dejar que los recuerdos me devoraran viva, a perdonar, si, a perdonarle absolutamente todo, desde su oficio a sus maneras, a sus miradas y su veneno que me daba gota por gota como sabiendo que me debilitaría.
Y es que a pesar de todo, sin importar cuanto tiempo pasara, ni cuanta agua debajo del mismo puente se desborde o haga avalanchas, ni los oficios de cada uno, ese sentido que nos dieron, las siluetas que nos dibujaron alrededor del alma, y el pequeño instinto que sentimos (a veces no tan pequeño), no desaparece por mas frío, calor, hielo, agua, fuego, granizo, recuerdo, incendio, y asesinato que haya.
Así de repente lo supe, de eso se había tratado siempre, del oficio de cada uno, de su necesidad de perderse, de mi necesidad de encontrarlo, de las formas en que nos acercábamos, de cómo posteriormente nos alejábamos, de su insistir en negarlo todo, de mi insistir en reafirmárselo, de existir juntos en la nada, de existir separados en todo, del camino tan torrentoso y lleno de fantasmas, del gran trecho grueso tendido en el medio, de las metáforas que se desprendían, y las hipérboles que yo inventaba, de las fantasías de mi mente, de las crudas realidades, y del engaño a ratos, y del amor a otros, y de una cadena llena de recuerdos, y una historia que rápidamente se iba borrando, deshaciendo y desvaneciendo…simplemente quedándose sin capítulos.
Si, siempre había sido su oficio perderse; siempre había sido mi oficio buscarlo. Algunas veces era mas sencillo, algunas otras mas complicado y de vez en cuando nos confundíamos, y de vez en cuando nos equivocábamos. Total que es un beso? Y que es un engaño?
Ya se ha perdido de nuevo, y yo me lleno el alma y salgo, oficiosa, a buscarlo.
Por: Michelle Fuster

Leave a Reply