Solo suenan gotas

Toda la escena se va a desarrollar en un plano general.

 En el escenario se ve un cuarto con las paredes rojas, excepto por una pared que es blanca (no hay ventanas ni puertas). Una de las paredes rojas tiene un sillón dibujado y justo debajo, en el piso de madera, se vislumbra un suéter azul lleno de cera de candela morada en forma de estrella y una enagua desgarrada de rayas moradas y azules. Hay 8 candelas en el piso alumbrando de forma tenue y lúgubre el espacio; 4 de ellas están goteando cera.

En el centro de la habitación, sentada en el piso, está Elena: mujer delgada, pelo rojo-anaranjado (apenas más claro que las paredes), vestido largo de color blanco, sin mangas y escotado, con una abertura en la pierna que va hasta la rodilla. Ella tiene una copa de vino blanco frío que sostiene con ambas manos, mientras a su derecha se ve una copa de vino tinto. El lugar está en completo silencio hasta que Elena solloza y una lágrima cae de sus ojos. En ese momento se oyen 4 pasos, la respiración de Elena se acelera y ella empieza a temblar. Aquí entra en escena Leandro, un hombre blanco muy pálido, ojos color violeta, pantalón negro de vestir y camisa blanca de botones. En la bolsa de su camisa tiene un fragmento de la misma enagua que yace en el piso. Elena sigue temblando, toma la copa de vino tinto y se la extiende a Leandro (quien está de pie un poco mas atrás que ella y a su izquierda).

Le dice viéndolo fijamente: “Te estaba esperando”.
Tomando un sorbo de vino él replica: “Entonces, ¿por qué tiemblas?”.
Ella, aún mirándolo fijamente, le dice: “Siempre lo he hecho, me estremeces, y cada parte de mi cuerpo quiere quitárseme para salir huyendo con vos. ¿Por qué tardaste tanto?¨
Él le responde: “Nunca sé que ponerme para decir adiós.”
Ella le dice viéndolo a los ojos: ¨Te ves bien”.

Seguidamente transcurren unos segundos de silencio donde sostienen las miradas intensas, hasta que ella la quita redirigiéndola a un vacío de la habitación y le dice: “Siempre fui la más débil, y vos, vos siempre lo supiste, ¿no?”
Con un tono frío él le dice: ¨Sí”.
Ella quiebra en llanto: “Entonces, ¿por qué?¨
Él le responde: “Porque no se trata de la fortaleza, se trata de la pasión.”

En ese momento, Leandro se va acercando a Elena, hasta que llega por atrás. La agarra entre sus brazos fuertemente, juega con su pelo descubriendo el cuello y lo acaricia. Elena suelta toda la fuerza, dejándose caer, débil. Él, acariciando aún el cuello, le dice: ¨Vos sos mi por qué”.
Ella le responde con la voz entrecortada: “¿No podemos encontrar alguna otra forma? Quizás en algún abismo, o el limbo, o en el tiempo que no pasa, en el suspiro que tu exhalas, en el momento que me contagias…” (desvaneciéndose la voz).
Él, acariciándola aún pero tomándola más fuerte del cuerpo le dice: “No”.
Elena se descubre el pelo e insiste: ¨Por favor¨
Él le da una sonrisa cálida mientras dice no con la cabeza y le murmura: ¨Te amo”.

Seguidamente le da un beso en la frente, ella tiembla, solloza un poco y le responde: ¨Yo también¨.
Él le replica: “Dejáte ir, que te estoy haciendo mía¨.
Ella levanta la cabeza, le da un beso apasionado y vuelve a caer débil, en sus regazos.

En ese momento, Leandro le dice: “Te veo y ni siquiera yo mismo me lo creo¨ y descubre en ese momento sus dientes de vampiro acercándose al cuello. Conforme se va acercando, las candelas se van apagando hasta que todo está oscuro y solo suenan gotas…

 Por: Michelle Fúster

~ kirjutas Fus &emdash; Detsember 2, 2006.

Üks vastus to “Solo suenan gotas”

  1. wow, es maravilloso….

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